Buen chango


(biografía inventada)

Nací a las 2:00 de un 31 de julio en Santa Cruz. Mamá dice que era muy grande y gordito, para mi edad de gestación, yo no me acuerdo. Papá estaba feliz porque era su primogénito y lo celebró con cervezas, lo sé porque mamá me contó. Ese mismo día, papá se dirigió a un registro civil, habían acordado colocarme Roller Alexander, pero papá estaba pasado de copas y cuando le dijo mi nombre a la señorita de registro civil le dijo “Roger” y ella anotó. En ese momento se reproducía “Florcita azul”, una de las canciones emblemáticas de Ulises Hermosa. Disculpe, va a colocar otro nombre más, preguntó la señorita del registro civil. Papá vio el libro “Ulises” de James Joyce en la mesa de su escritorio. Era una señal. Sí, colóquele Ulises. Roger Ulises Zeballos, es el dato que figura en mi certificado de nacimiento.

 

Viví algunos años en Santa Cruz, la verdad no recuerdo quiénes fueron los jefes de mamá o sus amigos o los primos que tuve. Tampoco recuerdo el divorcio de mis padres. Lo único que sé es que papá formó otro familia y mamá vino a Cochabamba. Vivimos varios años en la casa de mis abuelos, Inuca y Crispín. Cuando cumplí 5 años fui a una escuela cristiana en donde se hablaba mucho de Dios y de los ángeles, la verdad tenía mucho miedo al infierno porque mis compañeros especulaban de que si me portaba mal el diablo emergería desde el suelo con llamas en su cuerpo y me arrastraría con él y nadie haría caso a mis llantos y a mis gritos de auxilio porque era mi condena de ser niño malo. Por eso, me portaba bien.

 

Mamá tuvo que irse a España para ofrecerme una mejor vida, una casita en donde podamos estar los dos, un espacio en donde ninguno de los tíos pueda quejarse de usurpar o hurguetear, en fin. Viajó en 2003 y estuvo allí por más de 10 años. Una década, aunque parezca poco, es hartísimo tiempo. En ese lapso de tiempo viví con mis abuelos, me enseñaron quechua, me convertí en un quechuahablante, en un bilingüe. Hablaba con ellos en quechua y con mis amigos en castellano, era divertido porque podía insultarles o decirles algunas cosas que mis amiguitos no entendían. Al salir del colegio quería estudian idiomas, pero me daba miedo el inglés, también quise ser ingeniero como mi tío, pero él vivía frustrado por mil cosas, la verdad no sé si era su trabajo. Decidí ser psicólogo, tenía otro tío hippie que siempre andaba feliz de la vida, me gustaba sus ánimos, su energía. Me inscribí en la universidad pública y terminé en más de cinco años, aprendí mucho, y sobre todo, a ser buen chango.

 

Tras la llegada de mamá a Bolivia, me puse a trabajar en mi profesión, pero tenía pendiente algo que me llamaba mucho la atención desde la U, era el diseño gráfico. Me incliné por los videos cortos y aprendí herramientas digitales de edición, pero quería dar un paso más, ser ilustrador, creo que soy bueno dibujando. A mi esposa le conquisté dibujándola, tomándole fotos, no quiero ni imaginarme qué más hubiera sido si le ilustraba o le animaba en Ilustrator. Bueno, más allá de esos juegos que eran sinceros, sí quería cumplir mi meta, ser un diseñador. Un día que pasada por la Ayacucho ingresé a un instituto, tenía más de 400bs en el bolsillo, pagué mi primer semestre y estoy aquí, casi en tercer semestre, de no ser por la nueva malla curricular que realmente es terrible, bueno, eso es otro tema.




Comentarios

Entradas populares