"Sam Art", el artista que deja su efímera huella en el esfalto


Las luces amarillas del alumbrado público le dan una tonalidad cálida a las calles San Martín e Ismael Montes, lo que pone en problemas a cualquier pintor porque no le permite ver el color exacto de las pinturas. Son las 10 de la noche y  eso no parece importarle a Samuel Quinatoa, un artista callejero, que está dibujando en el asfalto con tizas de colores y carbón.
Uno que otro transeúnte se detiene para apreciar durante unos minutos lo que este joven artista está creando. - ¿Qué es lo que estás haciendo?, pregunta uno de observadores. Quinatoa lo ignora y de reojo mira que su sombrero siga donde lo dejó para quien quiera depositarle alguna moneda. Continúa dibujando.
No quiere hablar, no ahora después de haber tenido un día largo. En la tarde estaba en la terminal de buses haciendo otra obra y después en la puerta de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).
Algunos de los transeúntes pasan de largo, otros graban y sacan fotos, parecen admirados por esta propuesta que no se suele verse por estos lugares, no en esta zona y menos a estas horas. Samuel está concentrado en su trabajo ni siquiera se percata de su entorno. Se inclina para pintar y se pone de pie para ver mejor lo que está haciendo, se aprecia el rostro de un infante.
Una persona que parece estar en estado de ebriedad se detiene por unos segundos y pasa sobre su trabajo y la suela de su zapato queda marcada con pintura. “Aquí o allá, éstas son situaciones con las que uno tiene que aprender a lidiar sobre todo en la calle”, responderá, justo antes de retirarse, a la cuestión de que si la calle lo volvió duro.
Sus obras jamás han estado en una galería de arte, casi el total de sus obras ha pintado en las calles, desde junio de 2014 cuando dejó Puyo, Ecuador.
Se aventuró a ser un nómada y a vivir del arte y a aprender nuevas propuestas. Ha dejado su huella en los asfaltos y en algunos muros de Colombia, Perú y Brasil.
Agrega luces y detalla los colores en el rostro que dibuja que parece el de una niña indígena. Está pintando con la mano izquierda, pese a que él es diestro. Contó que se lesionó hace unas semanas y aún está con yeso. Aún  así tiene buena destreza con las tizas.
Llegó hace cinco meses a Cochabamba y desde hace cuatro estudia en el  Instituto de Bellas Artes Raúl G. Prada. Tiene dominio en el dibujo, pero quiere perfeccionar su técnica. Su talento lo heredó de su padre, un pintor y escultor que aún vive en su país natal y se llama como él.
Terminó el dibujo. “Sam Art” escribe al costado izquierdo inferior de su obra que dentro de 24 horas se borrará como el resto. La lluvia de la tarde del día siguiente la borrará por completo.

¿Por qué dibujar en el asfalto y no en algún lugar donde puedas conservar por más tiempo tu obra?
Se trata de vivir y disfrutar ese instante. De hacer arte en el presente y tenerlo como recuerdo porque al final lo tangible es fugaz, así como la vida.
Retira el sombrero, se saca una selfi para publicar la foto en su página de Facebook. Hoy se ganó más monedas que ayer. Se retira sabiendo que su dibujo en unas horas será pisoteado por los transeúntes. Está consciente de lo efímero de su arte, así como de su estadía en Bolivia o en cualquier otro lugar al que visitará en algunas semanas.

Comentarios

Entradas populares