Sueños y realidades que esconde un pueblo desconocido


"La vida en el campo es difícil", dicen los migrantes de áreas rurales, probablemente sea por la rutina diaria, las actividades que realizan para ganarse unos cuantos pesos para la comida; sacrificando el tiempo de diversión, el descanso, y en algunos casos, hasta los estudios en la niñez, etapa clave en la formación.

En el norte del departamento de Potosí, a casi una hora y media en movilidad desde Llallagua (provincia) existe una pequeña comunidad oculta en medios de cerros verdosos, se trata de un valle, un mini paraíso que se denomina “Capunita”. Un lugar hermoso donde el verdor abunda en época de lluvia, acompañando consigo diferentes colores propicias de las flores desparramadas por doquier. Pero en la estación de invierno, arrasa con la magia y seca los valles, sin embrago, eso no parece importar a las 50 familias aproximadamente que viven en la zona. “Ya estamos acostumbrados, igual sigue siendo valle”, afirma Cristobal Montaño, un comunario.

El sistema educativo en la zona no difiere de comunidades cercanas a ésta, como Aimaya, Chayanta, Uncía, sólo que en Capunita no existe tanta afluencia de niños, ya que prefieren dedicar y/o ayudar en casa en vez de invertir ciertas horas en clases. Uno de sus principios que no está escrito en ningún pergamino, ni pintado en un mural en la plaza, sino en la tabla de la conciencia de los comunarios resume en que la familia es prioridad, y las hijos deben honrar a los padres con sus buenas acciones.

En medio de decenas de niños que viven en la zona se encuentra Ever Mamani, un muchacho de 12 años, que siempre porta abarcas de goma de color negro, un pantalón plomo para mayor comodidad en sus recorridos de largas distancias, una playera celeste de la selección argentina con el número 10 empastado en el pecho y en la espalda que, en esta oportunidad, carga un morro (cantidad de hierbas y alfalfa) envuelto en un aguayo color naranja y rojo. Todos los días realiza diferentes actividades encargadas por sus padres dependiendo las estaciones del año. Hoy, la mañana de un jueves de mayo, debería estar en la clase de matemáticas, pero se encuentra lejos de la comunidad haciendo cálculos de cuánto demorará en conseguir alfas para sus vacas y sus asnos. Le gusta  ser cumplido en casa.

Ever salió de su hogar a las 5:30 de la madrugada y hasta casi las 8:30, ya tiene un buen monto de comida para sus animales, aunque tiene hasta medio día para llegar a su casa con el pedido, entonces, aprovechará en ir a pasear por uno de los lugares más atractivos que tiene Capunita, “Arbolitos”, un pequeño valle con cientos de árboles de eucalipto de decoran el paisaje, un bosque similar al que acompaña al buscarril en el camino a Tarata (provincia del departamento de Cochabamba), un lugar conocido por el brote de agua termal que se convertido en un pequeño río, baja y baja, quién sabe a dónde y ese espacio es aprovechado para lavar prendas de vestir, bañarse y, en algunas ocasiones, excursionar.  

- ¿Te falta mucho para terminar tus labores de hoy?
- Sí, bueno más o menos. Lo bueno es que conseguí estas hierbas en el camino más corto, y me ahorré tiempo para darme una escapadita a Arbolitos, es uno de mis lugares favoritos.

- ¿Qué más tienes que hacer en la tarde?
- Me han dicho que sólo de comidas y después cuidar a mis hermanos, porque mi mamá y mi papá irán al Chayanta y a Llallagaua a vender papas a los mercados y los mayoristas.

Esta comunidad de norte de Potosí vive de la agricultura de la siembra de papa, maíz, cebada, hortalizas. Posteriormente estos productos son llevados a mercados de Llallagua y en ciertas ocasiones hasta la ciudad para su venta a comerciantes mayoristas.

- ¿Qué es lo que más te gusta de tu rutina?
- Darme escapadas. Cada mañana, cuando me encargan algunas cosas para hacer trato de terminar a tiempo porque me gusta mucho pasear, ir más allá de lo prohibido, conocer nuevos lugares, estos paseos me ayudan mucho a pensar, pensar en mi futuro y también me distrae.

Ever es el tercer hijo de la familia, el primogénito radica en la ciudad de Cochabamba, y dice que pronto se casará, el segundo vive con su pareja, y ya son padres de dos pequeños que aún no superan los 3 años. “Por gil se ha casado, no ha cumplido lo que hemos prometido estudiar en la ciudad”, reclama Ever.

El tema de la migración se ha vuelto tan común en comunidades lejanas, que cientos de los jóvenes, y en algunos casos padres de familia, han llegado a las ciudades para obtener mejores oportunidades, donde la mayoría prefiere trabajar en obras de construcción.


- ¿Vos, quisieras ir a la ciudad?
- Sí, pero tengo que ir a estudiar, no me voy a quedar como mis hermanos, yo tengo que ser grande, y tengo que cumplir muchos de mis sueños.
- ¿Y qué quieres estudiar?
- Quiero ser militar.

Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el 2016, en Bolivia, la calidad de educación  a niños de áreas rurales muestra  todavía bastantes dificultades. Por ejemplo un niño de una zona urbana concluye un promedio de 14 años de su escolarización mientras en áreas rurales muchos ni esta etapa por la rutina y el arduo trabajo que conlleva vivir de la agricultura.  Muchos padres de estas zonas son analfabetos. El porcentaje de  de niñas que nunca asistieron a una escuela es de 19%.  Y sólo un 51% concluyen la educación secundaria.

Las responsabilidades de Ever no difieren a los demás niños y adolescentes de la zona, excepto su sueño, su pensamiento, un anhelo bastante ambicioso, el ser militar. Aunque uno de los requerimientos primordiales de los institutos militares para su ingreso es concluir la etapa escolar, un requisito indispensable incluso para estudiar en algún instituto o universidad, pero este muchacho aún no lo ve con tanta importancia,  tal vez sea por su contexto. Esta realidad revela un futuro incierto para él. 

Comentarios

  1. Historias y sueño, te fuiste muy lejos por una linda historia Felicidades

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